dimecres, 11 d’abril del 2007

El mundo sigue dando vueltas hoy y no se da cuenta de que falta alguien muy importante.
Una de esas personas que creemos que son imprescindibles, que podemos contar con los dedos de una mano, me falta a mi hoy.
Mi yaya... y también nuestra segunda mama, porque somos unos cuantos los que desde nuestro primer día nos hemos dormido en sus brazos con alguna de sus canciones antiguas.
De repente me siento pequeña y todos los recuerdos de entonces me están viniendo de golpe a la cabeza y no me dejan estar en pie.
Durante muchísimos años, ella fue lo primero que yo veía cada día cuando entraba en mi habitación a despertarme con un vaso de leche. Entraba por la puerta ya cantando y llamándonos a mi hermano y a mi como aquellos dos ratones de los dibujos, Picsi y Dicsi. Cada día iba al colegio todo el tiempo cogida de su mano y al salir corría siempre hacia el mismo punto del patio, donde sabia que ella me esperaba todos los días con mi merienda. Avisó a todas las maestras para que la llamaran en cuanto estuviera malita, porque no quería que su niña lo pasara mal ni un momentito. Una de esas veces me tuvo en brazos durante días porque yo no me podía separar de ella. Y ahora tampoco puedo.
Mientras cantaba me daba palmaditas en la espalda, y yo le respondía igual en la suya. Eso le encantaba y le hacia mucha gracia y me lo ha recordado montones de veces. Se reía sin ganas de mis chistes malos, siempre me daba queso cuando iba a su casa, me enseñaba a escondidas una cristalería que tenia preparada para cuando me casara, y quería que fuera pronto para que ella pudiera venir y bailar conmigo. Sus manos grandes siempre olían a crema o a la comida de cocinaba. Muchas veces la llamaba desde mi casa para preguntarle alguna receta y entonces ella me explicaba con pasión como hacer su bizcocho.
Todos los recuerdos de mi infancia están llenos de ella y si ella no está es como si se borrara de golpe una parte de mi vida.
Pocas personas a lo largo de nuestra vida cuidaran de nosotros de esta manera, entregando todo a cambio de nada, siempre ahí aunque no lo veamos.
Nunca he conocido una persona tan buena y con el corazón tan grande. Siempre preocupada por nosotros más que por ella misma hasta en sus peores momentos, siempre sonriente aunque llorara por dentro o sintiera miedo. La tarde que me entere de que estaba malita, corrí a buscarla asustada y una vez más ella me abrazó y me consoló diciendo que no tenia que tener miedo ni llorar, que todo iba a ir bien, no llores, no llores…
La ultima vez que hable con ella, ya desde muy lejos, fui yo quien tuvo que animarla y entonces sentí que algo no iba bien. Lo ultimo que le dije fue que la quería muchísimo y que la necesitaba. Ella sabia que yo la adoraba y que no quería ni pensar en que esto pudiera pasar algún día.
A veces me decía que si le pasaba algo no quería que llorara ni que le llevara flores ni nada y yo en seguida le cortaba y nunca le dejaba hablar de eso. Siempre he tenido tanto miedo que hace años que tengo la misma pesadilla. Solo ella sabe las veces que la he llamado para comprobar que era de verdad un sueño y necesitaba oír su voz y entonces ella decía: “otra vez has soñado eso? Tranquila, mi niña, que estoy bien”
No me puedo creer que ahora esto este pasando de verdad, que sea ella la que falta y que no la voy a ver mas. Siempre la he visto con los mismos ojos que cuando la conocí y para mi ella no se hacía mayor ni le podía pasar nada malo y me imaginaba mi vida con ella ahí. Y ahora que estoy tan lejos ella se va sin mi.
Me dolía el corazón cuando mi madre me decía que ella estaba sufriendo y que estaba tan triste, me costaba imaginármela porque nunca la había visto así, siempre era ella la fuerte. Tenía ganas de ir allí y gritarle que se tenía que poner bien, que la necesitaba. Me siento fatal porque ella siempre cuidó de mi y yo ahora no.
Antes de todo esto estaba muy bien y era feliz, todos la querian. A veces yo jugaba con los dos pequeños y les decía: la yaya es mía! Y así discutíamos un rato por ella hasta decidir que la yaya era de todos. Por eso no me sirve pensar que estará mejor así, porque ella estaba bien, y en dos meses asquerosos le ha tenido que pasar esto.
Me siento como una extraña por no estar cerca de mi familia ahora y mientras lloro solo puedo pensar en sus palabras “no llores mi vida, no llores”
Trabajadora incansable durante toda su vida, protectora de los suyos, abuela y madre dulce como las dos madres que ha criado y como la madre que yo algún día quiero ser.
Ahora todos los que quedamos nos sentimos como niños abandonados…

http://www.youtube.com/watch?v=qxdWxCN9rY8

http://www.poesia-inter.net/canc0008.htm